n u d e z [2/5]




II

 
Además de instalar un paisaje de calidez, la intimidad se ejerce. Es un territorio. Se defiende en la oscuridad y se enciende cuando la luz se enrarece.
    ¿“Fue mucho haber amado, haber sido feliz, siquiera un día”? ¿Era eso el paraíso que referían aquellos anticuarios del poblado? ¿El estadio permanente de la desnudez? ¿Hasta ya no verlo ni tenerlo, o haberlo perdido por no tributar adioses a sus dioses malévolos?
    Ah, entonces cómo es que eso se traslapa por rutinas y decisiones que ameritan altercados, ominosos u ordinarios. Cómo es que la desnudez deja de defenderse y la oscuridad se carga de envoltorios. Cómo es que se vuelve insensato preservar un espacio donde posarse o pasearse desnudados —no una bahía atestada de flacidez y bronceador sino un radio minúsculo y privado—, y decir: “este edén nos pertenece”.
    ¿Intimidad o familiaridad?
    Progenie.
    Primero se yace allí —desnudo o desnuda—, entre los brazos y las miradas de progenitores ignotos, hermanos o hermanas enternecidas y celosos; alguien más, a veces; hasta que se decrece o la orfandad arropa.
    Después se abraza a alguien y se lame más allá de su piel. La intimidad ya no es doméstica, es erótica. Quizá se llegue a transitar en la desnudez con esa persona hasta abrigar la desnudez de alguien más: una hija o un hijo —o ambos—; y limpiar sus secreciones como residuos sacros —desde entonces la mierda se vuelve un tema común—. O quizá se cruce “solamente una vez” por la intimidad de alguien, como entre flashes. La desnudez será una fragancia en la memoria, una imagen, nadie.
    Cómo es que se comparten la desnudez y la saliva, como se departen las presencias en los parques o las sombras durante las matinés. Y cómo es que compartir tales dimensiones de la carne puede expulsar —mente violenta, irremediable mente—:

Se yace sola
o solo
con la desnudez aterida

Oh, cuando la vida entra en las comunidades de símbolos, en las personas y sus simbiosis, sus anécdotas y sus ósmosis, los recintos, las comisuras, lo primero que se comparte es la desnudez, entonces.



[...]



IMAGEN: "Versos sobre púrpura", de la serie Versos de alambre

detalle, tinta mixta sobre papel, ca. 1998.