Peirceptible
Aquel
corazón era una hoja de papel ardiendo en la nada oscura del insomnio. La hoja
de papel era un corazón latiendo con forma de baraja o de lengua de animal
sediento.
El
personaje aparecía en otras dimensiones; desvanecido, extraviado, vagando como
un eco de sus propias voces; hasta que los rastros visibles se volvían semas
fertilizantes de sentidos.
Un
color se volvía un sonido obseso inflamando la caricia de las formas; el
púrpura, por ejemplo; el obsidiana o lo violeta.
Al
abrir la mano surgía un pez parecido a un ojo; o un ojo que parecía un pez
nadando en el aire vahoso del percibir nublado, del percibir llovízneo, del
percibir color mojado.
El
personaje se descubría en un paisaje ignoto de representaciones. La bruma se
volvía respirable. La tarde era un organismo perfecto que provocaba un leve pasmo,
una estación de flor y canto, añorable.
Una
hoja de papel se quemaba en la cama boscosa que no duerme. Un corazón giraba
como un astro y como un astro cronizaba lo que es polvo.
El personaje
retornaba embelesado, en contacto, fecundado.