Cidade/Saudade

Amaba esta ciudad adonde vine un día nublado. Amaba esta ciudad donde mi tiricia se llama libertad y caben cada una de mis soledades. Adoraba esta ciudad adonde vine a olvidarme de que soy de ninguna parte.
    Pero ahora no me hallo. Vengo llegando, de la estación perdida, como una valija de rueditas —rodando y rodando— abultada de fantasmas, los mismos que habitaban otros lados: los libros y las calles, los trenes y los cuadros, las tabernas y los mares, los museos y los barcos —do desassossego y sosegados—. No sería yo el único solitario que anduvo allí, vagando y bogando, delineando rastros y emborronando trasgos.
    La bienvenida silenciosa de las bulliciosas avenidas deforma un eco y conforma un hueco, un hoyo blanco, en la biografía discontinua de quien siempre está llegando, a esta ciudad, un día nublado.
    De qué fantasmas me he llenado que quisiera irme de nuevo para seguir llegando.
    ¿No soy de ninguna parte? Lo había olvidado, pero irme otra vez me lo ha recordado.
    Oh, ciudades del desasosiego: Qué de fantasmas me he llenado.
    Oh, tiricias y saudades: Qué de nostralgias ser de ninguna parte, de ningún lado.
    Ah, personajes reencontrados: Tampoco habré de ser acá el único solitario. 


                                                            Imagen: De la serie Nochesuras sin título, lápiz sobre papel, ca. 2011-2012